06 marzo 2010

Nuestro miedo más profundo..

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Este mensaje lo dijo Nelson Mandela en su discurso inaugural como Presidente de la República Sudafricana:

Nuestro miedo más profundo no es creer que somos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es saber que somos poderosos más allá de la mesura.

Es nuestra Luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.

Nos preguntamos ¿Quién soy yo para sentirme brillante, atractivo, talentoso, fabuloso? Pero en realidad ¿Quién soy yo para no serlo?

Yo soy un hijo de Dios. El juego de ser o parecer insignificante no te sirve ni le sirve al mundo. No hay nada de iluminación en hacerte pasar por menos, con el fin de que otras personas no se sientas inseguras.

Todos podemos brillar tal y como lo hacen los niños. Todos nacimos para manifestar la Gloria de Dios que está en nuestro interior. Esta Gloria no está dentro de unos cuantos, sino que está dentro de todos nosotros. Y cuando permitimos que nuestra Luz brille, también le estamos dando la oportunidad a otras personas para hacer lo mismo.

A medida que nos vamos liberando de nuestros miedos, nuestra presencia libera a otros automáticamente.

01 marzo 2010

El hijo pródigo


En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos. Entonces Jesus dijo:

¿Qué hombre de vosotros, teniendo 100 ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?


Y cuando la encuentra la pone sus hombros gozoso; y al llegar a su casa, reune a sus amigos y vecinos, diciendoles: gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se habia perdido.


Os digo que habrá más gozo en el cielo por un descarriado que retorna, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.


El hijo prodigo:

... Y tambien dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde." Y él les repartió los bienes. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo perdidamente.


Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se arrimo a uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.


Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, tratame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre.


Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó . El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el ternero gordo, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta.


Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el ternero gordo, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le rogaba que entrase. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero gordo!"


Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; más era necesario celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."


Evangelio de Lucas, 15, 1-7. 11-32.